Historia Semana Santa Huelva

La historia de la Semana Santa de Huelva es la historia de una ciudad que ha sabido mantener viva su devoción a lo largo de cinco siglos, atravesando guerras, desamortizaciones, crisis económicas y convulsiones sociales de todo tipo. Desde las primeras referencias documentadas en 1536 hasta la celebración actual con 27 hermandades de penitencia y la declaración de Interés Turístico Nacional de Andalucía otorgada en 2003, el cofradismo onubense ha recorrido un camino largo y accidentado que hoy se manifiesta en una Semana Santa de gran belleza, profundidad devocional y notable proyección cultural. Conocer ese recorrido permite apreciar con mucha mayor riqueza lo que cada año se despliega por las calles de la capital onubense.

Vírgenes de la Semana Santa de Huelva
Vírgenes de la Semana Santa de Huelva. Autor: FJavier GómezL. Wikimedia Commons. Licencia: CC BY-SA 3.0.

El siglo XVI y las hermandades fundadoras

Las raíces del cofradismo onubense se hunden en la segunda mitad del siglo XVI, coincidiendo con el gran impulso que el Concilio de Trento (1545-1563) dio a las manifestaciones públicas de la fe en toda la España católica. Las cofradías de penitencia nacieron entonces en toda Andalucía como instrumento de la Contrarreforma: sacaban la Pasión a la calle, hacían visible la devoción popular y articulaban la vida religiosa de parroquias y conventos.

En Huelva, los primeros datos documentados son de 1536, con una referencia a la Virgen de los Dolores de la Hermandad del Santo Entierro que acredita una devoción ya arraigada en la ciudad. Sin embargo, las hermandades tal y como las entendemos hoy —con reglas, organización y procesiones regulares— parecen tomar cuerpo en las décadas siguientes. Un documento clave es el del Cabildo Secular de marzo de 1573, conservado gracias a la obra inédita del historiador y cronista local Diego Díaz Hierro, en el que se trataron cuestiones relativas a las Hermandades de la Vera Cruz y del Santo Entierro. Ese texto demuestra que en 1573 ambas corporaciones no solo existían sino que tenían suficiente peso institucional como para ser objeto de deliberación en el consistorio municipal.

A estas dos hermandades fundadoras se sumó, en torno a 1583, la del Nazareno, cuya constitución estuvo ligada a la fundación del Convento de los Mínimos de Nuestra Señora de la Victoria. Y junto a ellas, durante ese mismo periodo, existieron otras corporaciones hoy desaparecidas, como la del Dulce Nombre de Jesús y la de la Flagelación del Convento de la Victoria, que completaban un panorama cofrade bastante activo para una ciudad de las dimensiones de la Huelva del siglo XVI.

Las tres hermandades supervivientes de ese periodo —Santo Entierro, Vera Cruz y Nazareno— son las que han llegado hasta nuestros días como las corporaciones con mayor antigüedad documentada de la Semana Santa onubense. El Santo Entierro tiene el honor de ser, según las referencias disponibles, la cofradía más antigua de la ciudad, con una historia repleta de transformaciones, desapariciones y refundaciones que la han llevado hasta el presente.

El siglo XVII y XVIII: consolidación y devoción popular

Durante los siglos XVII y XVIII, la Semana Santa de Huelva fue consolidando su presencia en la vida de la ciudad. Las tres hermandades fundadoras mantuvieron su actividad, aunque con la irregular vitalidad propia de una época en que los recursos eran escasos y la organización cofrade dependía en gran medida del respaldo de los conventos que les daban sede.

Fue un período de lenta acumulación de patrimonio y tradición. Las imágenes se fueron enriqueciendo, los pasos se completaron con faroles, candelabros y ornamentos, y la devoción popular fue tejiendo los vínculos afectivos que convierten a ciertas imágenes en referentes emocionales de una ciudad entera. La Hermandad del Nazareno, cuya imagen titular data de la Escuela del siglo XVII según las fuentes más rigurosas, fue construyendo en este periodo la devoción profunda que hoy la convierte en el alma misma de la Semana Santa onubense.

El siglo XVIII trajo también las restricciones ilustradas que afectaron al cofradismo en toda España. Las reformas del reinado de Carlos III limitaron los excesos procesionales y obligaron a las hermandades a depurar sus reglas, en un proceso que, sin suprimir las cofradías, las obligó a adaptarse a un marco más reglado y vigilado por las autoridades eclesiásticas y civiles.

El siglo XIX: crisis, desamortizaciones y supervivencia

El siglo XIX fue el periodo más difícil de toda la historia cofrade onubense. La acumulación de adversidades —políticas, económicas y religiosas— llevó a la Semana Santa de Huelva a un estado de extrema precariedad del que tardaría décadas en recuperarse.

El primer gran golpe llegó con las guerras napoleónicas de comienzos de siglo, que trastocaron la vida religiosa de toda España. Pero el impacto más duradero vino de las sucesivas desamortizaciones del liberalismo decimonónico. La desamortización de Mendizábal en 1837 suprimió los conventos masculinos, privando a varias hermandades de sus sedes históricas. La Hermandad del Nazareno, que tenía su sede en el Convento de los Mínimos de Nuestra Señora de la Victoria, se vio obligada a trasladar sus imágenes titulares a la parroquia de la Concepción tras el derribo del convento. La Hermandad de la Merced, por su parte, quedó gravemente afectada por la expulsión de los mercedarios en 1835. Y el Santo Entierro abandonó a mediados del siglo su ermita de la Soledad para trasladarse a la parroquia de San Pedro, en una peregrinación forzada que simboliza bien el desamparo en que quedaron las hermandades.

En ese contexto de pobreza y desorientación, apenas tres corporaciones penitenciales permanecían activas a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX: la Vera Cruz, el Santo Entierro y el Nazareno. Todas ellas luchaban por sobrevivir con recursos mínimos y sin la red de apoyo conventual que las había sostenido durante siglos. Uno de los testimonios más reveladores de esta precariedad es el de la Hermandad del Nazareno: fue Josefa de la Cruz, viuda de José María Trianes, cuya familia había ejercido una tutela tradicional sobre la hermandad, quien ordenó a sus hijos que en 1859 fundaran una nueva congregación para revitalizar el culto al Nazareno. Sin esa iniciativa individual y familiar, es posible que la hermandad más querida de Huelva no hubiera llegado al siglo XX.

El apoyo del Ayuntamiento y la incipiente coordinación institucional

En la segunda mitad del siglo XIX comenzó a percibirse un cambio de actitud por parte de las instituciones civiles. El Ayuntamiento de Huelva fue incrementando su implicación en la Semana Santa, consciente de que la celebración tenía un valor no solo religioso sino cívico y representativo para la ciudad. En 1869 se acordó que el propio consistorio presidiera las festividades religiosas, y desde 1890 se estableció un sistema de subvenciones a las hermandades condicionado a la participación de estas en los desfiles procesionales de las demás, lo que buscaba cohesionar un movimiento cofrade todavía muy fragmentado.

Un inventario de 1862 correspondiente a la Cofradía del Señor de las Cadenas —conocida popularmente como «los Judíos»— nos da una idea vívida de cómo eran los cortejos de la época: imágenes, atavíos, faroles, candelabros de lata y túnicas de pana para los personajes secundarios. En 1902, el gobernador civil realizó un censo de hermandades onubenses: destacaba la Vera Cruz con quinientos hermanos, mientras que otras como Expiración, Santo Entierro y Cadenas rondaban los cuarenta o cincuenta. Ese mismo año, las hermandades comenzaron a reunirse con el Ayuntamiento para coordinar ayudas y alumbrado público, estableciéndose una subvención fija de 250 pesetas anuales para la mayoría de cofradías.

Hacia el final del siglo XIX, la Semana Santa de Huelva había recuperado cierta vitalidad. Ocho cofradías conformaban entonces el elenco procesional onubense: la Oración en el Huerto, la Pasión, la Expiración —en la actualidad la Esperanza—, los Judíos, el Nazareno, la Buena Muerte, el Santo Entierro y la Vera Cruz. Una nómina modesta, pero que representaba una recuperación notable respecto al páramo de mediados de siglo.

El primer tercio del siglo XX

El cambio de siglo trajo consigo un espíritu renovador que se manifestó tanto en la mejora del patrimonio existente como en la fundación de nuevas corporaciones. La prensa onubense comenzó a detallar con mayor profundidad los aspectos artísticos de los cortejos, señal de que la Semana Santa empezaba a ser valorada no solo como celebración religiosa sino como acontecimiento cultural digno de cobertura informativa.

En ese contexto renovador hay que situar la fundación de la Hermandad de la Oración en el Huerto, el 7 de abril de 1922, por un grupo de devotos —José Orellana, Alfonso Padilla, Manuel Romero, Luis Orellana y Rafael de la Corte— con sede en la Iglesia de la Merced. Sus primeros estatutos se aprobaron el 25 de abril de ese mismo año, y el Arzobispado de Sevilla concedió la erección canónica el 22 de marzo de 1923. La primera imagen del Señor fue obra del escultor Joaquín Bilbao (1923), acompañada de un Ángel Confortador tallado por su discípulo Enrique Pérez Comendador. Esta hermandad estaba llamada a fusionarse décadas después con la histórica Vera Cruz para dar lugar a una de las corporaciones más singulares de la Semana Santa onubense.

En este período también tomó forma definitiva la Hermandad Sacramental de San Francisco y Cofradía de la Expiración, embrión de lo que hoy es la hermandad de la Esperanza Coronada, una de las más queridas y seguidas de toda la Semana Santa de Huelva.

La Guerra Civil y su devastación: 1936

El 20 de julio de 1936, apenas tres días después del levantamiento militar, varios templos de Huelva fueron asaltados e incendiados. Las consecuencias para el patrimonio cofrade fueron devastadoras. La parroquia de la Purísima Concepción, sede tanto de la Hermandad de la Vera Cruz como de la Hermandad de la Oración en el Huerto, fue saqueada y quemada, destruyéndose las imágenes y bienes de ambas corporaciones. La Hermandad del Santo Entierro perdió prácticamente todo su patrimonio en aquellos sucesos: los bordados del paso de palio —entre ellos piezas de Manuel Rodríguez Ojeda, uno de los grandes bordadores de la historia cofrade española—, los propios pasos y las imágenes titulares, cuyo valor artístico e histórico era incalculable. Únicamente se salvó, de entre los bienes del Santo Entierro, la cabeza del Cristo Yacente, pieza que ha llegado hasta nuestros días y que se data entre los siglos XVI y XVII.

La destrucción de 1936 explica por qué la mayoría de las imágenes que hoy procesionan en Huelva son obra de la posguerra: las hermandades tuvieron que reconstruir su patrimonio desde prácticamente cero. Esta circunstancia, lejos de empobrecer la celebración, dio lugar a un proceso creativo extraordinario en el que imagineros de primera fila pusieron su arte al servicio de la recuperación del cofradismo onubense.

La posguerra: renacimiento

El régimen franquista propició desde sus primeros años una recuperación activa de las hermandades y una revalorización pública de la Semana Santa como expresión de la identidad nacional y religiosa. En Huelva, ese impulso se tradujo en un periodo de intensa actividad fundadora y reconstructora. En los años cuarenta nacieron ocho nuevas hermandades, además de la Unión de Cofradías (1944), primer antecedente del actual Consejo de Hermandades.

El nombre que domina esta etapa reconstrucción es el del imaginero ayamontino Antonio León Ortega (Ayamonte, 1908 – Huelva, 1985). Nacido en la misma provincia, León Ortega fue el escultor que dio rostro a la Semana Santa de Huelva de posguerra. Su producción para las hermandades onubenses es extraordinaria en cantidad y en calidad: el Cristo de las Tres Caídas (1945), el Cristo de la Victoria (1945), la Virgen de los Ángeles de la Borriquita (1949), el Cristo del Amor de la Santa Cena (1949), la Soledad de María del Santo Entierro (1944), la Virgen de las Angustias (1958) y decenas de obras más configuraron el aspecto visual de una Semana Santa que se reconstruía paso a paso desde las cenizas de 1936.

También de la posguerra data una de las fundaciones más singulares: en 1945, el historiador y cronista Diego Díaz Hierro —el mismo que había preservado la documentación histórica de la Vera Cruz— impulsó la creación de la Hermandad de la Borriquita, la cofradía del Domingo de Ramos, junto a un grupo de antiguos alumnos de los Maristas. Esa hermandad inaugura la semana procesional con la imagen de Cristo entrando en Jerusalén, la única Virgen onubense —Nuestra Señora de los Ángeles— cuyo rostro no expresa dolor por la Pasión.

En 1939, la Hermandad de la Vera Cruz y la de la Oración en el Huerto, ambas reconstruidas sobre las ruinas de 1936, iniciaron un proceso de acercamiento que culminaría en su fusión formal, dando lugar a la actual Muy Antigua, Real, Ilustre y Seráfica Hermandad de la Vera Cruz, Sagrada Oración en el Huerto y Nuestra Madre y Señora de los Dolores Coronada.

Los años sesenta

Si la posguerra fue un tiempo de renacimiento, la década de los sesenta trajo una nueva crisis, diferente en su naturaleza pero igualmente amenazante. El Polo de Desarrollo que transformó la economía de Huelva en esos años atrajo a una nueva población de trabajadores industriales que no tenía vínculos con las cofradías. Al mismo tiempo, la Iglesia postconciliar mostraba una actitud ambivalente hacia las manifestaciones de religiosidad popular, y se hacía cada vez más difícil reclutar a suficientes costaleros voluntarios para portar los pasos.

El resultado fue uno de los episodios más embarazosos de la historia cofrade onubense: era frecuente que los pasos quedaran abandonados en mitad de la calle durante las procesiones, porque los costaleros contratados —en ausencia de voluntarios suficientes— abandonaban el trabajo o exigían renegociar las condiciones en plena estación de penitencia. Las imágenes, detenidas en la vía pública, esperaban a que se resolviera la situación, dañando la dignidad de los cortejos y la imagen de las hermandades ante el público.

Esta crisis evidenciaba un problema de fondo: la Semana Santa necesitaba renovarse, encontrar nuevas generaciones que sintieran la devoción cofrade como propia y recuperaran el vínculo emocional entre la ciudad y sus imágenes.

El punto de inflexión

La solución llegó de donde menos se esperaba: de una fundación nueva. En 1972, la Cofradía del Calvario se constituyó con nuevas pautas cofrades, una estética renovada y una energía juvenil que conectó con una generación de onubenses que se había alejado de las hermandades tradicionales. El Calvario fue el detonante de una cadena de fundaciones que transformó por completo el panorama de la Semana Santa onubense en apenas dos décadas.

A partir de esa fundación inaugural se produjo una sucesión de nuevas corporaciones que enriqueció y amplió la celebración: la Hermandad de la Misericordia, el Cautivo, la Lanzada, el Prendimiento, el Perdón y la Fe, entre otras. Cada una aportó su propio carácter, sus propias imágenes —en su mayoría obras de imagineros contemporáneos como Elías Rodríguez Picón, Luis Álvarez Duarte, Enrique Pérez Saavedra o Juan Abascal Fuentes— y sus propios barrios de origen, dando a la Semana Santa onubense ese carácter marcadamente popular y territorial que la define hoy.

En paralelo a este florecimiento fundador, las hermandades históricas consolidaron también su patrimonio y su organización. La Hermandad del Nazareno reforzó su posición como la cofradía más multitudinaria y querida de la ciudad, consolidando la Madrugá del Viernes Santo como el momento cumbre de la Semana Santa onubense. Y la Virgen de los Dolores de la Vera Cruz fue coronada canónicamente en 2015, en uno de los actos más emotivos que la ciudad ha vivido en los últimos años.

La institucionalización

El crecimiento del número de hermandades hizo imprescindible dotar a la Semana Santa de Huelva de un organismo coordinador sólido y representativo. En 1944 había nacido la primera Unión de Cofradías como estructura de coordinación básica. En 1989 se constituyó la Unión de Hermandades de Semana Santa de Huelva, un paso importante hacia la gestión colectiva de la carrera oficial y los actos comunes. Finalmente, el 14 de agosto de 1997 se fundó el actual Consejo de Hermandades y Cofradías de la Semana Santa de la Ciudad de Huelva, que integra a las 27 hermandades de penitencia y gestiona desde entonces todos los aspectos organizativos de la celebración.

Un año antes, en 1996, la diócesis de Huelva —creada en 1953 al separarse de la Archidiócesis de Sevilla, con cuya metrópoli había mantenido vínculos históricos desde siempre— había establecido a la Virgen de la Cinta, patrona de la ciudad, como Protectora de las Hermandades onubenses, reforzando el vínculo simbólico entre la identidad religiosa de la capital y su Semana Santa.

El siglo XXI: consolidación y nuevas fundaciones

El reconocimiento oficial llegó en 2003 con la declaración de la Semana Santa de Huelva como Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía. La distinción certificaba lo que la ciudad ya sabía: que su celebración pasional había alcanzado una madurez, una calidad artística y una proyección pública que la situaban entre las referencias del cofradismo andaluz.

El siglo XXI no ha frenado el espíritu fundador onubense. A las 27 hermandades actuales se han ido sumando nuevas corporaciones: la Hermandad de la Santa Cruz, la del Resucitado, la Sentencia y, más recientemente, la Hermandad de Nuestra Señora del Prado en su Dolor, erigida canónicamente en 2019 y que procesa por la barriada del Higueral. La última en ser constituida en el siglo XX fue la Hermandad de la Redención, en el año 2000.

Uno de los hitos más recientes y más comentados fue la recuperación en 2019 de la procesión del Cristo de la Vera Cruz acompañado por la Legión Española el Sábado de Pasión, en recuerdo de la tradición que la Hermandad de la Vera Cruz mantuvo hasta mediados del siglo XIX. El acto, que convoca a una multitud enorme, ha demostrado que la Semana Santa de Huelva sigue siendo capaz de crear nuevos momentos emotivos que se instalan rápidamente en la memoria colectiva de la ciudad.

Para conocer en detalle cada una de las hermandades que protagonizan esta historia viva, visita nuestra página sobre cofradías y hermandades de la Semana Santa de Huelva, o regresa a la página de inicio para una visión completa de la celebración.

Fuentes y referencias para ampliar información